
Perdóname por todos mis errores, por mis mil contradicciones, por las puertas que crucé, disculpame por quererte igual que antes, por no poder callarme, ni siquiera hoy lo haré. Entiendeme por todas mis locuras, fueron la mitad mas una de las que te he visto hacer.
La hacés bien, y aunque te hierva la sangre te encadenas para no llamar. ¿Cómo hacés? Conozco todos tus trucos, pero aún así me das que pensar. Te guardas el orgullo donde nadie pueda dudar de que lo tenés. Y así vas, sin perder el objetivo, pidiendo dos cuando querés tres.

